martes, 30 de noviembre de 2010

Pasado mitológico I

Recorrí una noche eterna, y sólo descubrí que el abismo que temía estaba dentro de mi. Ebrio de una ira inconfesable encendí fuegos que aún hoy no puedo apagar del todo, quemé a muchos, y aún hoy me sigo quemando. Cada vez que recuerdo ese vacío, esa vergüenza, ese miedo, mi valor se desvanece y sólo quiero huir. Pero escapar nunca es la respuesta. Poco a poco mi sed y mi fuerza comenzaron a brotar desde el mismo manantial, y el mismo dolor humillante que me hacía bajar la vista ante las muchachas hermosas me mantenía estudiando sin descanso por las noches, me levantaba cada mañana y me daba la sangre fría necesaria, necesaria ante las pruebas, necesaria ante los enemigos. Porque tener una misión es tener también enemigos. Todos los que fuimos perseguidores incandescentes de un objeto numinoso tuvimos enemigos, porque quien se declara luz, define necesariamente a la sombra, y no se puede ser luz sin alumbrar donde había oscuridad. Yo estaba eligiendo al hombre. Y escoger a una humanidad en particular me hacía rechazar todas las otras. Muchas veces otros escogen metas por nosotros, pero esa sed, esa vergüenza, ese dolor y esa soledad me hicieron escoger una meta que era también un camino, un camino que era a la vez una humanidad. Mi camino estaba trazado. Y viví días febriles trabajando por construir parte de este hoy, viví noches espantosas velando por una virtud mística y sagrada, viví segundos aterradores conteniendo la ira, soportando el desdén, anhelando un beso, cumpliendo una misión. Siempre dije que era mi epopeya personal, siempre dije que era mi canto el canto épico de una conquista, pero la verdad es que mi epopeya no tenía héroes, nadie en ella parecía ser divino en sentido alguno, nadie más que yo tenía misión bajo este cielo. Viví largos años encadenado a un código de honor arcaico y ascético, me purifiqué con mortificaciones y me endurecí a fuerza de esfuerzos, pero sólo defendía una virtud arcaica, un misticismo infantil y una nobleza inútil. Así me lo gritó la sociedad toda mil veces. Y mil veces no quise oír. Pero su oración cansada y envilecida se coló por cada una de las rendijas de la miseria, cada bajeza de la rutina llevaba su signo perezoso, y cada vileza de la gente pregonaba su advenimiento, que llegó lentamente, para desmoronarme de un soplido.

19-02-2010, 3:14

lunes, 4 de enero de 2010

Notas de Karlsruhe I


Me pregunto cómo combatir las cosas que nos asedian desde dentro de nosotros, me pregunto cómo capturar a ese enemigo que se agita en medio de nuestros propios pensamientos, y no sé cómo. Intento buscar la manera de deshojar una flor sin destruirla, trato de descubrir lo sagrado sin profanarlo, pero todo es inútil. Si en el fondo de ti se agazapa un monstruo, entonces ya no puedes escapar, porque no puedes convertir tu santuario en un laberinto que lo atrape, porque no puedes cercarlo en llamas sin morir calcinado, porque no puedes decidir olvidar algo que palpita dentro de tus pensamientos, porque no puedes escapar a lo que en verdad eres, un monstruo encadenado, un monstruo prisionero, pero un monstruo al acecho también.
25-09-2009, 7:39

lunes, 28 de diciembre de 2009

Capitulación permanente

¿Y si no hay manera de escapar? ¿Y si más allá de las horas de desierto sólo hay negación? No habrá sosiego para el que la conozca. No habrá descanso para el que la desee. Sólo se decir que la añoro, que la deseo, que en el terrible segundo de los atardeceres me culpo por no conseguirla, por no atraparla. En el terrible segundo de las capitulaciones cotidianas y repetidas hasta la náusea, ves el desamparo de la derrota inexorable y de su insondable distancia. ¿Cuál es el camino hasta el alba gloriosa? ¿Qué nombre hay que tener en los labios? ¿Es que en verdad hay alguno? La vorágine de los objetos sólo consigue nublar deliciosamente el color de la pesadilla, el color de lo irreparable. ¿De qué es el precio esa clarividencia? ¿Qué es lo que estás pagando? Más allá de los placeres marcha el sol que ilumina más que las cosas, que quema los delitos y las pasiones, la luz que te deja desnudo. Si necesitas algo del anaquel, es que no eres más que otro pisapapeles, si añoras algo que está por encima de ti, entonces siempre será la hora para empezar a morir.

08-12-2009, 23:59

martes, 30 de junio de 2009

Beso Detonante (otro color de lo irreparable)

Sólo bastaba un beso. Un beso ajeno y demasiado tierno, un beso de enamorados para darse cuenta de lo que falta, de lo que se perdió, de lo que añoro. En el fondo de las cosas estaba esa argamasa fría del desencanto y era culpa sólo de ese beso y esa ternura irremediablemente perdidos. Porque nunca más ella me amará así, porque nunca más estará enamorada como esa primera vez, porque yo nunca más seré ese que tanto quiso. En la oscuridad dolorosa de mi división siento la culpa silenciosa de eso que has hecho con tus propias manos y de lo cual sin embargo eres inocente. Porque eran mis manos, pero no era yo. Porque ahora que la miro y la deseo, ahora que la recuerdo y quiero tenerla entre mis brazos, ahora su voz no me nombra como antes y sus ojos no me buscan como en ese ayer, y en los bloques arcillosos del pasado leo una y otra vez el signo de lo irreparable sin resignación posible. Y me encierro en la negación total de los que lo pierden todo y siguen temiendo, y me entrego a su adoración total intentando consentir su capricho. Pero me doy cuenta de que ese capricho no existe y esa entrega es imposible. Entonces me inunda la desesperanza de los que han visto la verdad, y ciego de pena y rabia me dejo llevar por la corriente lánguida del servilismo y la utilidad. Y no descanso, y mi mente se adormece mientras hago regalos e invitaciones, y con cada negativa me voy deshojando solo y marchito, y mi razón termina de nublarse, y me hundo en un pantano en el que ni siquiera puedo llorar. El peso de los días derrota mi espíritu y sólo me deja la cruel alternativa de recordar y añorar infructuosamente el pasado, y pensar, sólo pensar, que ha sido mi culpa, y que al menos eso, no puedo perderlo.

domingo, 10 de mayo de 2009

Pruebas, no palabras...

...ni rezos, misas, túnicas, exilios a la naturaleza y dioses arcaicos...


Existen
pruebas.

Es fácil creer en las ideas correctas, lo difícil es creer en ellas por las razones correctas

viernes, 8 de mayo de 2009

Interrogante y Decisión

La interrogante era siempre un desafío a su impenetrable pureza, una transgresión a todo lo sagrado que había en él, y era entonces que la pregunta traía el signo de nuestra arrogancia, de nuestro orgullo desmesurado y profanador, iconoclasta e incapaz de arrodillarse. Pero la pregunta con que desafiábamos los cielos no venía de un inmenso poder y valor ocultos tras nuestra miseria, aquella pregunta incansable y obsesiva tenía su origen más adentro, ahí en la noche de nuestro tiempo, en nuestro temor antiquísimo y original, el temor que nos hizo elevar al primer dios era el mismo que nos hacía destronar al último.

Por eso es que nuestra interrogante siempre encontraba a su paso el muro de una limitación original, una definición anterior a cualquier latido había cercado el avance de la pregunta que haríamos miles de años después, pues el dios mismo conocía nuestra ambición antes de arrojarnos aquí. Pero fuera cual fuera el indescifrable propósito del dios, presas del miedo seguiríamos avanzando renunciando a nuestras banderas de ayer para no aceptar la detención absoluta, dispuestos a todo cedimos cada una de las piedras del templo de nuestra razón, todo esto a cambio de otro puñado de ecuaciones y el embrujo tranquilizador del eterno progreso, de un camino sin término que nos condene. Con la misma inocencia con que cedimos lo inteligible a cambio de complejidad y cifras inmanejables, preferimos nuestra propia condena, nuestro propio infierno de vidas sin objetivo ni misión, a la condena desconocida e impuesta por su voluntad inescrutable e ininteligible, pues el infierno de nuestra marcha solitaria sería un desierto de abandono y nihilismo, pero el suyo sería un infierno de gritos y lamentos donde las pobres almas soñarían miedos sin nombre y sombras sin dueño.

jueves, 7 de mayo de 2009

Formulación recursiva del mito de origen

Entonces el hombre creado, mortal y sediento, caminó por el mundo. El mundo lo abrazó con su azote y ese azote fue la cuna del hombre. Entre arena y espinas, jugó el hombre. Entre garras y sangre, aprendió su nombre. Entonces el hombre, creado, mortal y sediento, fue el azote del mundo. Y ese azote, caminó por el mundo, y en ese mundo ese azote hizo caminos, y por los caminos marcharon esclavizados los ganados del azote creado. Y los caminos llevaron a las ciudades del azote mortal, y de las ciudades salieron nuevos caminos, y por ellos marcharon las legiones del azote sediento. Y esa sed hizo naciones de las ciudades, y de las ciudades nacieron los caminos de la sed creada. Y esos caminos llevaron hasta los enemigos de la sed mortal, y sobre esos enemigos marcharon las legiones de la sed insaciable. Y esa sed insaciable, camina hoy por el mundo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Otro odio. Opus 29/04/2009

En el fuego desaforado de mi locura personal, íntima, y desolada, hasta he podido odiarla a ella. Por ese fuego que no me quema, por ese fuego que no desea quemarme, por ese silencio que me desarma y por esa que me perpetra ese silencio, por todos ellos odio. Porque en el desierto último de mi santuario siempre hallo los ojos vacíos de la negación indiferente que no puedo olvidar, porque renuncié a todo orgullo pidiéndole al dios mismo que sus labios pronunciaran mi nombre, y en el corazón artero del dios sólo estaba la sonrisa ladina de los crueles y los ruines, por eso odio. Porque me escondí en trampas y redes para deletrear el signo del dolor, porque sepulté el cáliz de la adoración ahí donde la flama no se encendió, porque tuve que forjar un dios nuevo en un pozo de viento y escarcha, por eso odio. En esta hora oscura, en el día sobrecogedor, en las mañanas gloriosas, odio, odio, odio, por puro dolor, por puro espanto, por ser otro vil esclavo de otra marea interior. Me estremezco con un temblor que no te toca, y entre mis manos comienza a derramarse un tiempo irreversible y fatal, entonces intento rodearte, intento jugar el juego de soñar, y voy, voy, voy, hacia un cielo de mal, me desato subiendo una escalera hacia atrás, me precipito hacia un silencio cálido, y escucho acurrucado, en tu regazo, un rumor que no me llama, otro temblor que no me toca, y espero el paso, espero las eras, y miro el cielo, y no hay respuesta, y te pregunto si es la sombra, y me dices que no es nada, y el naufragio da una comba, y el dolor toma forma, camina hacia mi, me sonríe, me abraza, pero yo añoro tu ocaso, y es que no sé si añorar o no, sólo sé que extraño un rumor que no me llama, un fuego que no me quema y un temblor que no me toca.

sábado, 25 de abril de 2009

Volver a empezar, cuestión de tiempo

La idea de volver a comenzar es siempre un arma de dos filos. Por un lado la necesidad de volver a empezar eso que creías avanzado ya es una especie de segunda chance, de las pocas que parece haber, para creer que en esta ocasión las cosas serán mejores que la vez anterior, tenga uno o no razones para creer que los sucesos serán distintos. Por otro lado, volver a empezar es otra de las tantas oportunidades para desmoralizarse y abandonarlo todo, a veces sanamente, de una vez por todas. El juego de apostar que yace detrás es uno de esos que sólo nos compete a las criaturas de dios condenadas a morir. Porque es sólo nuestro tiempo finito lo que nos obliga a escoger una cosa o la otra, de modo excluyente. Lo contrario a esto es la cómoda posición de Sísifo, que como está condenado a subir la piedra eternamente, tiene la certeza de que podrá intentarlo todo y no tiene la necesidad de enfrentarse al dilema de si tratar primero empujando de ésta o de otra forma su roca. Da igual, tendrá tiempo para probarlo todo.

De agendas, auto-tiranía y otros demonios

Se lleva una agenda, tal como se lleva una carta con insultos para dios. Anotas cada día lo que es preciso conservar de las horas y te embarcas en el sueño infantil de realizar, en su día y a su hora, todas aquellas cosas que merecen hacerse, y que por tanto se planificaron. Casi como adictos a la trampa pueril y provisoria de pretender diseñar el futuro, escogemos el día adecuado para realizar esa visita o aquella llamada. Y presas de la magia deslumbrante de esta ilusión hacemos planes que atraviesan el tiempo para dominarnos en ese presente que viviremos y donde su obligación y necesidad imperiosos se apoderarán de nuestra voluntad y nuestra vida.