domingo, 10 de mayo de 2009

Pruebas, no palabras...

...ni rezos, misas, túnicas, exilios a la naturaleza y dioses arcaicos...


Existen
pruebas.

Es fácil creer en las ideas correctas, lo difícil es creer en ellas por las razones correctas

viernes, 8 de mayo de 2009

Interrogante y Decisión

La interrogante era siempre un desafío a su impenetrable pureza, una transgresión a todo lo sagrado que había en él, y era entonces que la pregunta traía el signo de nuestra arrogancia, de nuestro orgullo desmesurado y profanador, iconoclasta e incapaz de arrodillarse. Pero la pregunta con que desafiábamos los cielos no venía de un inmenso poder y valor ocultos tras nuestra miseria, aquella pregunta incansable y obsesiva tenía su origen más adentro, ahí en la noche de nuestro tiempo, en nuestro temor antiquísimo y original, el temor que nos hizo elevar al primer dios era el mismo que nos hacía destronar al último.

Por eso es que nuestra interrogante siempre encontraba a su paso el muro de una limitación original, una definición anterior a cualquier latido había cercado el avance de la pregunta que haríamos miles de años después, pues el dios mismo conocía nuestra ambición antes de arrojarnos aquí. Pero fuera cual fuera el indescifrable propósito del dios, presas del miedo seguiríamos avanzando renunciando a nuestras banderas de ayer para no aceptar la detención absoluta, dispuestos a todo cedimos cada una de las piedras del templo de nuestra razón, todo esto a cambio de otro puñado de ecuaciones y el embrujo tranquilizador del eterno progreso, de un camino sin término que nos condene. Con la misma inocencia con que cedimos lo inteligible a cambio de complejidad y cifras inmanejables, preferimos nuestra propia condena, nuestro propio infierno de vidas sin objetivo ni misión, a la condena desconocida e impuesta por su voluntad inescrutable e ininteligible, pues el infierno de nuestra marcha solitaria sería un desierto de abandono y nihilismo, pero el suyo sería un infierno de gritos y lamentos donde las pobres almas soñarían miedos sin nombre y sombras sin dueño.

jueves, 7 de mayo de 2009

Formulación recursiva del mito de origen

Entonces el hombre creado, mortal y sediento, caminó por el mundo. El mundo lo abrazó con su azote y ese azote fue la cuna del hombre. Entre arena y espinas, jugó el hombre. Entre garras y sangre, aprendió su nombre. Entonces el hombre, creado, mortal y sediento, fue el azote del mundo. Y ese azote, caminó por el mundo, y en ese mundo ese azote hizo caminos, y por los caminos marcharon esclavizados los ganados del azote creado. Y los caminos llevaron a las ciudades del azote mortal, y de las ciudades salieron nuevos caminos, y por ellos marcharon las legiones del azote sediento. Y esa sed hizo naciones de las ciudades, y de las ciudades nacieron los caminos de la sed creada. Y esos caminos llevaron hasta los enemigos de la sed mortal, y sobre esos enemigos marcharon las legiones de la sed insaciable. Y esa sed insaciable, camina hoy por el mundo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Otro odio. Opus 29/04/2009

En el fuego desaforado de mi locura personal, íntima, y desolada, hasta he podido odiarla a ella. Por ese fuego que no me quema, por ese fuego que no desea quemarme, por ese silencio que me desarma y por esa que me perpetra ese silencio, por todos ellos odio. Porque en el desierto último de mi santuario siempre hallo los ojos vacíos de la negación indiferente que no puedo olvidar, porque renuncié a todo orgullo pidiéndole al dios mismo que sus labios pronunciaran mi nombre, y en el corazón artero del dios sólo estaba la sonrisa ladina de los crueles y los ruines, por eso odio. Porque me escondí en trampas y redes para deletrear el signo del dolor, porque sepulté el cáliz de la adoración ahí donde la flama no se encendió, porque tuve que forjar un dios nuevo en un pozo de viento y escarcha, por eso odio. En esta hora oscura, en el día sobrecogedor, en las mañanas gloriosas, odio, odio, odio, por puro dolor, por puro espanto, por ser otro vil esclavo de otra marea interior. Me estremezco con un temblor que no te toca, y entre mis manos comienza a derramarse un tiempo irreversible y fatal, entonces intento rodearte, intento jugar el juego de soñar, y voy, voy, voy, hacia un cielo de mal, me desato subiendo una escalera hacia atrás, me precipito hacia un silencio cálido, y escucho acurrucado, en tu regazo, un rumor que no me llama, otro temblor que no me toca, y espero el paso, espero las eras, y miro el cielo, y no hay respuesta, y te pregunto si es la sombra, y me dices que no es nada, y el naufragio da una comba, y el dolor toma forma, camina hacia mi, me sonríe, me abraza, pero yo añoro tu ocaso, y es que no sé si añorar o no, sólo sé que extraño un rumor que no me llama, un fuego que no me quema y un temblor que no me toca.

sábado, 25 de abril de 2009

Volver a empezar, cuestión de tiempo

La idea de volver a comenzar es siempre un arma de dos filos. Por un lado la necesidad de volver a empezar eso que creías avanzado ya es una especie de segunda chance, de las pocas que parece haber, para creer que en esta ocasión las cosas serán mejores que la vez anterior, tenga uno o no razones para creer que los sucesos serán distintos. Por otro lado, volver a empezar es otra de las tantas oportunidades para desmoralizarse y abandonarlo todo, a veces sanamente, de una vez por todas. El juego de apostar que yace detrás es uno de esos que sólo nos compete a las criaturas de dios condenadas a morir. Porque es sólo nuestro tiempo finito lo que nos obliga a escoger una cosa o la otra, de modo excluyente. Lo contrario a esto es la cómoda posición de Sísifo, que como está condenado a subir la piedra eternamente, tiene la certeza de que podrá intentarlo todo y no tiene la necesidad de enfrentarse al dilema de si tratar primero empujando de ésta o de otra forma su roca. Da igual, tendrá tiempo para probarlo todo.

De agendas, auto-tiranía y otros demonios

Se lleva una agenda, tal como se lleva una carta con insultos para dios. Anotas cada día lo que es preciso conservar de las horas y te embarcas en el sueño infantil de realizar, en su día y a su hora, todas aquellas cosas que merecen hacerse, y que por tanto se planificaron. Casi como adictos a la trampa pueril y provisoria de pretender diseñar el futuro, escogemos el día adecuado para realizar esa visita o aquella llamada. Y presas de la magia deslumbrante de esta ilusión hacemos planes que atraviesan el tiempo para dominarnos en ese presente que viviremos y donde su obligación y necesidad imperiosos se apoderarán de nuestra voluntad y nuestra vida.

Naufragio

Hoy he estado a punto de naufragar de nuevo. No parece tan malo, las palabras no son ni reales ni macizas, pero hablo de un naufragio real y macizo. Hoy he estado a punto de quemar un laboratorio de pura ira y frustración, a punto de agarrar a patadas a un maldito flaite sólo porque me enervaba, a punto de estrangular a una vieja demente que no me dejaba escuchar ni mis pensamientos, a punto de lanzar por la ventana a la pobre Abulafia con mi tesis y todo por no funcionar, a punto de divorciarme de mi familia porque respiraban demasiado aire, a punto de putear a la única persona que amo porque no entiende lo que siento cada vez que empiezo a hundirme en este océano de oscuridad viscosa y opresiva. He estado a punto muchas veces, ¿será que alguna vez no será sólo "a punto"? La sola idea me estremece. ¿Habrá ese día tenebroso en que termine gimoteando como un simio mientras destrozo todo a mi paso con las pupilas dilatadas y las manos crispadas de locura? Lo he soñado muchas veces, me he visto haciéndolo en mil escenas tristes hasta la náusea y horribles hasta lo indecible. No es una cuestión de orgullo, es una enfermedad. La tierna Kathariuschka me lo repite cientos de veces cada día, sus palabras tocan unas contra otras como campanas de un lúgubre funeral psicológico. El funeral de algo que cualquier día puede morir.

sábado, 14 de marzo de 2009

De la Dominación

La verdadera dominación, la dominación real y permanente del santuario donde nos ocultamos, podría ser simplemente un abstracto, absurdo y abstruso modo de librarse de la opresiva conciencia de nuestra total responsabilidad. Si un riguroso Osiris nos pesara ahora mismo, nos sería imposible explicar que estar en la búsqueda de tal dominación nos exime de lo que el dios pequeño y vanidoso en nuestro templo personal perpetra a cada instante, porque tal absolución no existe, porque hasta el más abstruso de los abstractos trucos que inventamos, no es más que un absurdo intento de obligar a la conciencia a no ver lo que ya sabe, pero, como todos sabemos, la conciencia no tiene párpados.

Nosce te ipsum

sábado, 27 de diciembre de 2008

Condicionalidad

La clave de nuestra fe de todos los días es que él no sea necesario. Lo más importante, y a la vez, lo que nunca se menciona, es que toda explicación no debe necesitarlo, cada cosa que suceda en el tubo de ensayo, en la intimidad del acelerador de partículas o en el seno de un cultivo de bacterias, debe explicarse sin él, sin su inescrutable capricho ni su misterioso proceder. Por eso es que el segundo antes de revelar cada resultado, se contiene la respiración y se cierran los ojos, justo antes que la película fotográfica muestre su secreto, en el momento preciso en el que se van a medir las distancias, todo pende de nuevo de un hilo, y la solidez de este camino en solitario se pone a prueba cada vez y en todas partes. Porque cuando los genes necesiten de él para explicarse y todos los modelos fallen sino lo contienen al describir los átomos o las estrellas, entonces marchar bajo el cielo desierto será imposible, y habrá que comenzar de nuevo con la tarea perpetua de buscar una alternativa, un puente en el que podamos ser libres... por lo menos para morir.

No hay conocimiento sin dolor, no hay comunión con lo desconocido.

Labor Omnia Vincit

En la medida de nuestra ignorancia parecía estar también la medida de nuestro miedo, el miedo que nos sacaría de la inquietante presencia de un ídolo de piedra para lanzarnos en un universo vacío al final del cual no hay certeza ni misión.
El mismo miedo nacido en la oscuridad de las selvas y las pupilas ocultas en la noche, ese mismo miedo original, se tornaba ahora en un miedo de desierto frío que hacía inútiles todos los actos y todas las razones, un miedo de caer de nuevo entre los dedos de una voluntad caprichosa y enigmática, o de enfrentar la labor milenaria de contar todas las estrellas, andar todos los caminos, y tratar entonces de seguir todos los soles sin objetivo alguno, sin un nombre en los labios ni una seña entre los ojos. Y eso era una elección, una elección consciente y al mismo tiempo otra labor milenaria, un trabajo de generaciones de artesanos descifrando la lengua de las mareas, moldeando en barro una mirada más que penetrante, una mirada que allá lejos en el confín del universo y en el oscuro santuario de lo pequeño no encontrara al dios, una mirada que no tropezara con el milagro allí donde debía haber hados vectoriales, una mirada que nos dejara solos bajo el cielo.

Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres